¿Qué es el Prana!

Publicado en por DOS AGULAS

 

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Pregunta:

 

 

 

¿Qué es el prana y cómo se   manifiesta en cada uno de los siete cuerpos?

 

 

 

Osho:

 

 

El prana es energía, la energía vital en nosotros, la vida en

nosotros. Esta vida se manifiesta a sí misma, por lo que al cuerpo físico

concierne, como el aliento entrante y saliente. Son dos extremos opuestos. Los

consideramos como uno solo. Decimos, "respiración", pero la respiración tiene

dos extremos: la inspiración y la expiración. Toda energía tiene dos extremos,

toda energía existe entre dos polos opuestos. No puede existir de otra forma.

Los polos opuestos con su tensión y su armonía, crean la energía; como los polos

magnéticos.

 

 

 

Inhalar es realmente lo contrario de exhalar y la espiración es

totalmente contraria a la inspiración. En un único instante, la inhalación es

como el nacimiento y la exhalación es como la muerte. En un único instante las

dos cosas suceden. Cuando inhalas, naces; cuando exhalas, mueres. En un único

instante existen el nacimiento y la muerte. Esta polaridad es la energía vital

ascendiendo, descendiendo.

 

 

 

En el cuerpo físico, la energía vital adoptará esta

manifestación. La energía vital nace y después de setenta años muere. Esa,

también es una manifestación mayor del mismo fenómeno: inhalación y

exhalación... El día y la noche.

 

 

 

En los siete cuerpos, el físico, el etérico, el astral, el

mental, el espiritual, el cósmico, y el nirvánico, existe un correspondiente

fenómeno de entrada-salida. Por lo que respecta al cuerpo mental, el pensamiento

que llega y el pensamiento que se va es la misma clase de fenómeno que el

aliento que entra y el aliento que sale. A cada instante un pensamiento llega a

tu mente y un pensamiento se va.

 

 

 

El pensamiento es en sí mismo energía. En el cuerpo mental la

energía se manifiesta como la llegada del pensamiento y la desaparición del

pensamiento. En el cuerpo físico se manifiesta como la inhalación y la

exhalación. Por eso puedes cambiar tus pensamientos con la respiración. Existe

una correspondencia.

 

 

 

Si dejas de inhalar, impedirás entrar al pensamiento. Retén tu

respiración en tu cuerpo físico y en el cuerpo mental los pensamientos se

detendrán. Y, de la misma forma que el cuerpo físico se siente incómodo, tu

cuerpo mental se sentirá incómodo. El cuerpo físico querrá inhalar; el cuerpo

mental querrá ponerse a pensar.

 

 

 

De la misma forma que el aliento entra en el interior desde el

exterior y el aire existe fuera de ti, también un océano de pensamiento existe

alrededor de ti. Un pensamiento entra y un pensamiento sale. Así como el aire

que tú respiras puede convertirse en el aire que yo respiro en otro momento, tu

pensamiento puede convertirse en mi pensamiento. De la misma forma que exhalas,

exhalas tus pensamientos. De la misma forma que existe el aire, existe el

pensamiento; de la misma forma que el aire puede ser contaminado, también el

pensamiento puede ser contaminado; de la misma forma que el aire puede ser

impuro, también el pensamiento puede ser impuro.

 

 

El respirar en sí, no es prana.

"Prana"

significa la energía vital que se

manifiesta en sí misma entre esas polaridades de entrada y salida. La energía

que hace que el aliento entre, es prana; no es el aliento en sí. La energía que

hace que el aliento entre, que lo consolida, esa energía que hace que el aliento

entre y salga, es prana.

 

 

La energía que hace que un pensamiento entre y que un

pensamiento se vaya, esa energía también es prana. Este proceso existe en todos

los siete cuerpos. Solamente estoy hablando ahora del físico y del mental porque

esos dos son los que conocemos; los podemos comprender fácilmente. Pero en cada

nivel de nuestro ser, ocurre lo mismo.

 

 

 

Tu segundo cuerpo, el cuerpo etérico, tiene su propio proceso

entrante y saliente. Puedes captar este proceso en cada uno de los siete

cuerpos, pero lo percibirás solamente como el aliento que entra y el aliento que

sale, porque solamente te relacionas con tu cuerpo físico y su prana. Entonces

siempre lo mal interpretarás.

 

 

 

Siempre que llegue a ti cualquier sensación procedente de tus

otros cuerpos o de su prana, lo interpretarás siempre como el aliento entrante y

saliente, porque ésta es la única experiencia que conoces. Solamente has

conocido esta manifestación del prana, de la energía vital. Pero en el plano

etérico no hay ni respiración ni pensamiento, sino influjo; simplemente, un

influjo, entrando y saliendo.

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Entras en contacto con alguien sin haberlo conocido

previamente. Ni siquiera ha hablado contigo, pero algo de él te llega. O bien le

has dejado entrar o lo has expulsado. Hay una sutil influencia: puedes llamarlo

amor o puedes llamarlo odio; la atracción o la repulsión.

 

 

 

Cuando eres repelido o atraído, esto es tu segundo cuerpo. Y a

cada instante el proceso continúa, nunca se para. Siempre estás dejando entrar

influencias y luego expulsándolas. El otro extremo siempre estará ahí. Si has

amado a alguien, luego, en un momento determinado, serás repelido. Si has amado

a alguien el aliento ha entrado; ahora será expulsado y serás repelido.

 

 

 

De modo que cada momento de amor será seguido por un momento de

repulsión. La energía vital existe en polaridades. Nunca existe como un solo

polo. ¡No puede! Y siempre que trates de considerarlo así, te esforzarás en pos

de lo imposible.

 

 

 

No puedes amar a alguien sin odiarle en algún momento. El odio

estará allí porque la fuerza vital no puede existir como un solo polo. Existe

como extremos opuestos, de modo que un amigo será un enemigo; y esto continuará.

Este entrar y salir sucederá hasta el séptimo cuerpo. Ningún cuerpo puede

existir sin este proceso, este entrar y salir. No puede, de la misma forma que

el cuerpo físico no puede existir sin inhalar y exhalar.

 

 

 

Por lo que concierne al cuerpo físico, nunca consideramos esos

dos aspectos como opuestos, de modo que nuestra vida no resulta afectada. La

vida no distingue entre inhalación y exhalación. No hay una distinción moral. No

hay nada que elegir; son lo mismo. El fenómeno es natural.

 

 

 

Pero en lo que respecta al segundo cuerpo, el odio debe

desaparecer y el amor debe quedar. Entonces has empezado a elegir. Has empezado

a elegir y esta elección te causará problemas. Por eso es que el cuerpo físico

es, por lo general, más sano que el segundo, que el cuerpo etérico. El cuerpo

etérico siempre está en conflicto porque la elección moral lo ha convertido en

un infierno. Cuando surge el amor, te sientes bien, pero cuando aparece el odio,

te sientes mal. Pero ha de aparecer, de modo que una persona que sepa, una

persona que haya conocido los extremos, no se siente descorazonada cuando

aparece. Una persona que ha conocido los extremos está tranquila, equilibrada.

Sabe qué sucederá; por esto, ni trata de amar cuando no siente amor ni crea odio

alguno. Las cosas vienen y van. El no se siente atraído por lo que entra, ni

repelido por lo que sale. Es simplemente un testigo. Dice, "Es como el aliento

que entra y el aliento que sale".

 

 

 

El método de meditación budista del Anapanasati Yoga se ocupa

de esto. Dice que seas simplemente un testigo de tu inspiración u de tu

exhalación. Sé simplemente un testigo y empieza desde el cuerpo físico. Los

otros seis cuerpos no se mencionan en el Anapanasati porque llegarán por sí

mismos, poco a poco.

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Cuanto más familiar llegues a sentirte con esta polaridad, con

este morir y vivir simultáneamente, con este nacimiento y muerte simultáneos,

más te iras dando cuenta del segundo cuerpo. Respecto al odio, Buda dice

entonces que has de tener upeksha. Has de ser indiferente. Tanto si es odio como

si es amor, mantente indiferente. Y no te aferres a ninguno, porque si te

aferras, ¿qué sucederá con el otro extremo? Estarás incómodo. Aparecerá la

enfermedad; no estás en paz.

 

 

 

Buda dice, "La llegada del amado es bienvenida, pero la partida

del amado es llorada. El encuentro con el que te repele, es una desgracia, y la

marcha del que te repele, es una dicha. Pero si continúas dividiéndote a ti

mismo en esos polos, estarás en el infierno, vivirás en un infierno".

 

 

 

Si simplemente te conviertes en un testigo de esas polaridades,

entonces dirás, "Es un fenómeno natural. Es tan natural en lo que concierne al

cuerpo—o sea, uno de los siete cuerpos—que el cuerpo existe debido a esto; si

no, no podría existir". Y cuando te haces consciente de esto, trasciendes el

cuerpo. Si trasciendes tu primer cuerpo, entonces te haces consciente del

segundo. Si trasciendes tu segundo cuerpo, entonces te haces consciente del

tercero...

 

 

 

El ser un testigo siempre está más allá de la vida y de la

muerte. Inhalar y exhalar son dos cosas y si te conviertes en testigo, entonces

no eres ninguna de las dos. Entonces ha aparecido una tercera fuerza. Ahora no

eres la manifestación del prana en el cuerpo físico; ahora tú eres el prana, el

testigo. Ahora ves que la vida se manifiesta en el nivel físico debido a esta

polaridad y si esta polaridad desaparece, el cuerpo físico desaparece; no puede

existir. Necesita esa tensión para existir, esa constante tensión de entrar y

salir, esta constante tensión de nacimiento y muerte. Existe debido a esto. A

cada instante se mueve entre los dos polos; si no, no existiría.

 

 

 

En el segundo cuerpo, amor-odio es la polaridad básica. Se

manifiesta de muchas formas. La polaridad fundamental es este gustar-no gustar,

y a cada instante lo que te gusta se convierte en lo que te disgusta y lo que te

disgusta te convierte que en lo que te gusta. ¡A cada instante! Pero nunca lo

ves. Cuando lo que te gusta se convierte en lo que te disgusta, si reprimes tu

desagrado y continúas engañándote, diciéndote que siempre te gustan las mismas

cosas, tan sólo te estás engañando a ti mismo por partida doble. Y si algo te

desagrada, sigue desagradándote, nunca te permites a ti mismo observar los

momentos en que te ha gustado. Reprimimos nuestro amor hacia nuestros enemigos y

reprimimos nuestro odio hacia nuestros amigos. ¡Lo reprimimos! Solamente

permitimos un solo movimiento, solamente un extremo, pero debido a que éste

regresa otra vez, estamos en paz. Vuelve de nuevo, por eso estamos tranquilos.

Pero es algo discontinuo; nunca es continuo. No puede serlo.

 

 

 

La fuerza vital se manifiesta en sí misma en el segundo cuerpo

como gusto y disgusto. Pero es simplemente como el respirar; no hay diferencia.

La influencia es aquí el medio; el aire es el medio en el cuerpo físico. El

segundo cuerpo vive en una atmósfera de influencias. No es simplemente que

alguien entre en contacto contigo y tú empieces a sentir simpatía hacia él.

Incluso si nadie entra y tú estás solo en la habitación, tú estarás con el

gustar-disgustar, gustar-disgustar. No habrá diferencia. El gustar-disgustar se

irán alternando continuamente.

 

 

 

Es a través de esta polaridad que existe el cuerpo etérico;

ésta es su respiración. Si te conviertes en su testigo, entonces simplemente

reirás. Entonces no habrá amigo ni enemigo. Entonces sabrás que es sencillamente

un fenómeno natural.

 

 

 

Si te vuelves consciente y te conviertes en un testigo del

segundo cuerpo, del gustar y disgustar, entonces podrás conocer el tercer

cuerpo. El tercero es el cuerpo astral. Así como las "influencias" existen en el

cuerpo etérico, el cuerpo astral tiene "fuerzas magnéticas". Su magnetismo es su

respiración. En un momento dado te sientes poderoso y al siguiente instante te

sientes impotente; en un instante dado eres optimista y al siguiente instante

eres pesimista; en un instante dado te sientes confiado y al instante siguiente

pierdes toda tu confianza. Es un magnetismo que penetra en ti y un magnetismo

que se va de ti. Hay momentos en que puedes desafiar incluso a Dios, y hay

momentos en que temes incluso a las sombras.

 

 

 

Cuando la fuerza magnética está en ti, cuando está llegando a

ti, te sientes grande. Cuando se ha ido, eres simplemente un don nadie. Y esto

cambia hacia atrás y hacia adelante, como el día y la noche; el círculo da

vueltas, la rueda da vueltas. Así, incluso una persona como Napoleón tiene sus

momentos de impotencia e incluso una persona muy cobarde tiene sus momentos de

bravura.

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En el judo existe una técnica para determinar cuándo una

persona carece de fuerza. Ese es el momento de atacar. Cuando es poderoso, te

derrotará, de modo que has de saber el momento en que su poder magnético se le

va y entonces atacar, y tú has de incitar a que te ataque cuando tu fuerza

magnética está entrando. Este entrar y salir de la fuerza magnética corresponde

a tu aliento. Por eso, cuando has de hacer algo complicado, retienes tu

respiración. Por ejemplo, si has de levantar una pesada piedra, no puedes

alzarla cuando el aliento está siendo expulsado. ¡No puedes hacerlo! Pero cuando

el aliento está entrando, o cuando es retenido, puedes hacerlo. Tu respiración

se corresponde con lo que está sucediendo en el tercer cuerpo. De modo que

cuando el aliento está saliendo, a menos que la persona en cuestión haya sido

entrenada para engañarte, es el instante en que su fuerza magnética se le está

yendo, éste es el instante de atacar. Y éste es el secreto del judo. Incluso una

persona más fuerte que tú puede ser derrotada si conoces el secreto de cuándo se

siente él temeroso e inerme. Cuando la fuerza magnética no está en su interior,

se sentirá inerme.

 

 

 

El tercer cuerpo vive en una esfera magnética, como el aire. A

nuestro alrededor hay fuerzas magnéticas; las inspiras y las exhalas. Pero si te

das cuenta de esta fuerza magnética que está entrando y saliendo, entonces ni

serás poderoso ni impotente. Trascenderás ambos.

 

 

 

Entonces existe el cuarto cuerpo, el cuerpo mental:

pensamientos que entran y pensamientos que salen. Pero esta entrada-salida de

pensamientos tiene también su paralelismo. Cuando un pensamiento viene a ti al

inspirar, solamente en esos momentos nace un pensamiento original. Cuando

exhalas, esos son momentos de impotencia; ningún pensamiento original puede

nacer de esos momentos. En los momentos en que algún pensamiento original

aparece, la respiración incluso se para. Cuando algún pensamiento original nace,

entonces la respiración se detiene. Es simplemente un fenómeno de

correspondencia.

 

 

 

Con los pensamientos que se van, no nace nada. Simplemente

están muertos. Pero si tú te haces consciente de tus pensamientos entrantes y

salientes, entonces puedes conocer el quinto cuerpo.

 

 

 

Hasta el cuarto cuerpo las cosas no son difíciles de entender,

porque tenemos alguna experiencia sobre la que basarnos para comprenderlas. Más

allá del cuarto las cosas se vuelven muy extrañas, pero aún así, algo puede ser

comprendido. Y cuando tú trasciendes el cuarto cuerpo lo comprendes más.

 

 

 

En el quinto cuerpo... ¿cómo decirlo? La atmósfera del quinto

cuerpo es la vida, del mismo modo que el pensamiento, el aliento, la fuerza

magnética, el amor-odio, son las atmósferas de los cuerpos inferiores.

 

 

 

Para el quinto cuerpo, la vida misma es la atmósfera. Así que

en el quinto, la entrada es un momento de vida, y la salida es un momento de

muerte. Con el quinto, te vuelves consciente de que la vida no es algo que esté

en ti. Entra en ti y se va de ti. La vida misma no está en ti. Simplemente entra

y sale como la respiración.

 

 

 

Por eso es que "respiración" y "prana" se han convertido en

sinónimos; debido al quinto cuerpo. En el quinto cuerpo, la palabra prana es muy

importante. Es la vida la que está entrando y la vida la que está saliendo. Y de

ahí el miedo a la muerte que constantemente nos persigue. Eres consciente

siempre de que la muerte está cerca, esperando en la esquina. Siempre está ahí,

esperando. Este sentimiento de que la muerte siempre que está esperando, este

sentimiento de inseguridad, de muerte, de oscuridad, se relaciona con el quinto

cuerpo. Es un sentimiento muy oscuro, muy vago, porque no eres completamente

consciente de él.

 

 

 

Cuando llegas al quinto cuerpo y te vuelves consciente de él,

entonces sabes que la vida y la muerte son, ambos, la respiración del quinto

cuerpo; entrando y saliendo. Y cuando te das cuenta de esto, entonces sabes que

no puedes morir, porque la muerte no es un fenómeno inherente, como tampoco lo

es la vida. Ambos, vida y muerte, son fenómenos exteriores que te ocurren a ti.

Tú nunca has estado vivo, nunca has estado muerto; tú eres algo que trasciende

por completo a ambos. Pero este sentimiento de trascendencia solamente puede

llegar cuando te vuelves consciente de la fuerza vital y de la fuerza mortal en

el quinto cuerpo.

 

 

 

Freud ha dicho en alguna parte que él tuvo, en cierta medida,

un vislumbre de esto. El no era un adepto al Yoga, sino, lo habría comprendido.

El lo llamó "la voluntad de morir", y dijo que cada hombre, a veces ansia la

vida y a veces ansía la muerte. Hay dos voluntades opuestas en los hombres. Una

voluntad de vivir y una voluntad de morir. Para la mente occidental esto

resultaba completamente absurdo, ¿cómo podían esas voluntades contradictorias

existir en una persona? Pero Freud dijo que, debido a que es posible el

suicidio, debe de existir una voluntad de morir.

 

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Ningún animal se suicida, porque ningún animal puede llegar a

darse cuenta del quinto cuerpo. Los animales no pueden suicidarse porque no

pueden volverse conscientes, no pueden saber que están vivos. Para cometer

suicidio, es necesaria una cosa: ser conscientes de la vida; y ellos no son

conscientes de la vida. Pero también hay otra cosa que es necesaria: para

cometer suicidio debes también ser inconsciente de la muerte.

 

 

 

Los animales no pueden suicidarse porque los animales no son

conscientes de la vida, pero nosotros podemos suicidarnos porque nosotros somos

conscientes de la vida, pero no somos conscientes de la muerte. Si uno se vuelve

consciente de la muerte, entonces uno no puede suicidarse. Un Buda no puede

suicidarse porque eso es algo innecesario, es una estupidez. El sabe que no

puedes realmente matarte a ti mismo; sólo puedes simular que lo haces. El

suicidio es simplemente una pose, porque en realidad ni estás vivo ni

muerto.

 

 

 

La muerte pertenece al quinto plano, al quinto cuerpo. Es la

salida de una determinada energía y la entrada de una determinada energía. Tú

eres aquél en el que esto sucede. Si te identificas con lo primero, puedes hacer

lo segundo. Si te identificas con el vivir y la vida se vuelve algo imposible,

puedes decir, "Me suicidaré". Esto es el otro aspecto de tu quinto cuerpo

afirmándose a sí mismo. No hay ni un solo ser humano que no haya pensado alguna

vez en suicidarse... porque la muerte es la otra cara de la vida. Esta otra cara

puede convertirse en suicidio o asesinato; puede ser cualquiera de los dos.

 

 

 

Si estás obsesionado con la vida, si estás tan aferrado a ella

que suspiras por negar la muerte por completo, entonces eres capaz de matar a

otro. Al matar a otro satisfaces tu deseo de muerte: "la voluntad de morir". Con

este truco, la satisfaces, y piensas que ahora no tendrás que morir porque

alguien ya ha muerto.

 

 

 

Los que han cometido grandes asesinatos,—Hitler,

Mussolini—sienten mucho temor hacia la muerte. Siempre tienen miedo de la

muerte, de forma que proyectan esta muerte sobre los demás. La persona que es

capaz de matar a alguien siente también que ella es más poderosa que la muerte.

El puede matar a otros. De un modo mágico, con una fórmula mágica, él piensa

que, debido a que él puede matar, él trasciende la muerte; que una cosa que él

puede hacer a los demás, no puede ocurrirle a él. Esto es una proyección de la

muerte, pero puede volver de regreso a ti. Si acabas con tantas personas que al

final te suicidas, es la proyección que regresa a ti.

 

 

 

En el quinto cuerpo, con la vida y la muerte llegando a ti, con

la vida entrando y saliendo, uno no puede estar apegado a nadie. Si estás

apegado, no estás aceptando la polaridad totalmente y enfermarás.

 

 

 

Hasta el cuarto cuerpo no era tan difícil, pero concebir la

muerte y aceptarla como otro aspecto de la vida, es la acción más difícil.

Sentir la vida y la muerte como paralelos, siendo simplemente lo mismo, dos

aspectos de una cosa, es lo más difícil. Pero en el quinto, ésta es la

polaridad. Esta es la existencia pránica del quinto.

 

 

 

Con el sexto cuerpo, las cosas se vuelven incluso más

difíciles, porque el sexto ya no es la vida. Para el sexto cuerpo... ¿qué decir?

Después del quinto, el "yo" desaparece, el ego desaparece. Entonces deja de

haber ego; te vuelves uno con el Todo. Ahora no hay ninguna "cosa" tuya que

entre y salga, porque no existe el ego. Todo se convierte en cósmico, y debido a

que se convierte en cósmico, la polaridad adopta la forma de Creación y

Destrucción; srishtri y pralaya. Por eso es que se vuelve más difícil con el

sexto; la atmósfera es la "fuerza creativa y la fuerza destructiva". En la

mitología hindú se denominan esas fuerzas como Brahma y Shiva.

 

 

 

Brahma es la deidad de la Creación, Vishnú es la deidad del la

Conservación, y Shiva es la deidad de la Gran Muerte, de la Destrucción o

Disolución, donde todo regresa a su fuente original. El sexto cuerpo existe en

esta inmensa esfera de creatividad y destrucción; la fuerza de Brahma y la

fuerza de Shiva.

 

 

 

A cada instante la creación llega hasta ti y a cada instante

todo se sumerge en la disolución. Por esto cuando un yogui dice, "He contemplado

la Creación y he contemplado el Pralaya, el Final; he visto la aparición del

mundo y he visto el regreso del mundo al vacío", está hablando del sexto cuerpo.

El ego no está allí; todo aquello que entra y sale eres tú. Tú te vuelves uno

con ello.

 

 

 

Una estrella nace; ése es tu nacimiento. Y la estrella está

desaareciendo; ésa es tu muerte. Por eso se dice en la mitología hindú que una

Creación es una respiración de Brahma, ¡Solamente una respiración! Es la

respiración de la fuerza cósmica. Cuando Brahma inhala, la creación aparece;

nace una estrella, las estrellas nacen del caos, todo empieza a existir. Y

cuando su aliento es exhalado, todo desaparece, todo se extingue: una estrella

muere... La Existencia entra en la no-Existencia.

 

 

 

Por eso digo que en el sexto cuerpo es muy difícil. El sexto no

es egocéntrico; se convierte en cósmico. Y en el sexto cuerpo se conoce todo

sobre la Creación, todo lo que las religiones del mundo nos cuentan. Cuando uno

habla de la Creación, está hablando del sexto cuerpo y del conocimiento asociado

a él. Y cuando uno habla del gran Diluvio, del final, uno habla del sexto

cuerpo.

 

 

 

Con el Diluvio Universal de la mitología judeo-cristiana o

babilónica o de la mitología siria, o con el pralaya de los hindúes, aparece la

exhalación, ésa del sexto cuerpo. Es una experiencia cósmica, no una individual.

Es una experiencia cósmica, ¡Tú no estás allí!

 

 

 

La persona que está en el sexto cuerpo, que ha alcanzado el

sexto cuerpo, contemplará todo aquello que está muriendo como si fuera su propia

muerte. Un Mahavira no puede matar una hormiga, debido no a algún principio de

no-violencia, sino a su propia muerte. Todo aquello que muere es su muerte.

 

 

 

Cuando te vuelves consciente de esto, de la creación y la

destrucción, de las cosas entrando en la Existencia a cada instante y de las

cosas desapareciendo de la Existencia a cada instante, esa consciencia es el

sexto cuerpo. Siempre que algo desaparece de la Existencia, otra cosa está

entrando. Un sol está muriendo; otro está naciendo en alguna otra parte. Esta

Tierra morirá; otra Tierra vendrá. Nos aferramos incluso en el sexto cuerpo. "La

Humanidad no ha de morir", pero todo aquello que ha nacido ha de morir, incluso

la Humanidad ha de morir. Las bombas de hidrógeno se crearán para destruirla. Y

en el instante en que creemos bombas de hidrógeno, al instante siguiente

crearemos un deseo de ir a otro planeta, porque la bomba implica que la Tierra

se acerca a su muerte. Antes de que esta Tierra muera, la vida empezará a

evolucionar en algún otro lugar.

 

 

 

El sexto cuerpo es el sentimiento de la Creación y la

Destrucción cósmicas. Creación-destrucción... el aliento entrante-el aliento

saliente. Por eso se utiliza "La respiración de Brahma". Brahma es una

personalidad del sexto cuerpo; te conviertes en Brahma en el sexto cuerpo. En

realidad te vuelves consciente de ambos, de Brahma y de Shiva, de los dos polos.

Y Vishnú está más allá de la polaridad. Ellos forman el trimurti, la Trinidad:

Brahma, Vishnú, y Mahesh, o Shiva.

 

 

 

Esta Trinidad es la trinidad del "ser testigo". Si te haces

consciente de Brahma y de Shiva, del creador y del destructor, si te vuelves

consciente de esos dos, entonces conoces el tercero, Vishnú. Vishnú es tu

realidad en el sexto cuerpo. Por eso Vishnú se convierte en el más importante de

los tres. Brahma es recordado, pero aunque él es el dios de la creación, es

adorado solamente en uno o dos templos. Él debería ser adorado, pero no es

realmente adorado.

 

 

 

Shiva es más adorado incluso que Vishnú, porque tememos la

muerte. Su adoración nace de nuestro miedo a la muerte. Pero muy pocos adoran a

Brahma, al dios de la creación, porque no hay nada que temer; tú ya has sido

creado, de modo que Brahma no te preocupa. Por eso no hay un solo gran templo

que se le haya dedicado. El es el creador, de modo que todos los templos

deberían estar dedicados a él, pero no lo están.

 

 

 

Shiva tiene el mayor número de devotos. Está en todas partes

porque muchos templos fueron construidos en honor a él. Simplemente una piedra

es suficiente para simbolizarlo; si no, hubiera sido imposible crear tantos

ídolos de él. De modo que una simple piedra es suficiente... Pones una piedra en

cualquier lugar y Shiva está allí. Debido a que la mente teme tanto a la muerte,

no puedes escapar de Shiva; ha de ser adorado, y ha sido adorado.

 

 

 

Pero Vishnú es la divinidad más sustancial. Por eso Rama es una

encarnación de Vishnú, Krishna es una encarnación de Vishnú, todos los avataras,

las encarnaciones divinas, son una encarnación de Vishnú. E incluso Brahma y

Shiva reverencian a Vishnú. Brahma puede ser el Creador, pero él crea para

Vishnú; Shiva puede ser el Destructor, pero el destruye para Vishnú. Esos son

los dos alientos de Vishnú: el que entra y el que sale. Brahma es el aliento

entrante y Shiva es el aliento saliente. Y Vishnú es la realidad en el sexto

cuerpo.

 

 

 

En el séptimo cuerpo las cosas son incluso más difíciles. Buda

llamó al séptimo cuerpo el nirvana kaya, el cuerpo de la Iluminación, porque la

Mente, el Absoluto, reside en el séptimo cuerpo. El séptimo cuerpo es el cuerpo

supremo, así que allí no hay ni creación ni destrucción, sino, más bien, ser y

no-ser. En el séptimo, la creación siempre es de algo, no es la tuya. La

creación será de algo que no eres tú y la destrucción será de algo que no eres

tú, mientras que el ser eres tú y el no-ser eres tú. El séptimo cuerpo, ser y

no-ser, existencia y no existencia, son los dos alientos. Uno no debería

identificarse con ninguno. Todas las religiones han empezado a través de

aquellos que han alcanzado el séptimo cuerpo. Y, a lo sumo, el lenguaje puede

ser reducido a dos palabras: ser y no ser. Buda habla el lenguaje del no-ser,

del aliento saliente, de modo que dice, "La nada es la realidad", mientras que

Shankara habla el lenguaje del ser y dice que el "Brahman es la Realidad

Suprema". Shankara emplea términos positivos porque él elige el aliento entrante

y Buda emplea términos negativos porque él elige el aliento saliente. Pero son

sólo elecciones en lo que se refiere al lenguaje.

 

 

 

La tercera elección es la realidad, lo que no puede ser

expresado. Como máximo podemos decir: el "ser absoluto", o el "no-ser absoluto".

Es lo más que puede decirse porque el séptimo cuerpo está más allá de esto. El

trascenderlo es aún posible. Puedo decir algo sobre esta habitación si salgo

afuera. Si trasciendo esta habitación y voy a otra habitación, puedo recordar

ésta, puedo decir algo sobre ésta. Pero si yo salgo de esta habitación y caigo

en un abismo, entonces no puedo decir nada de esta habitación. Con cada cuerpo,

podía expresarse un tercer punto mediante palabras, símbolos, porque el cuerpo

que lo trascendía estaba ahí. Podías ir allí y mirar hacia atrás. Pero solamente

hasta el séptimo es esto posible. Más allá del séptimo no se puede decir nada,

porque el séptimo es el último cuerpo; más allá está la "ausencia de

cuerpo".

 

 

 

Con el séptimo uno ha de elegir "ser" o "no-ser", o el lenguaje

de la negación o el lenguaje de la positividad. Y solamente hay dos elecciones.

Una es la elección de Buda; el dice, "Nada queda". Y la otra es la elección de

Shankara; él dice, "Todo es".

 

 

 

En las siete dimensiones, en los siete cuerpos, por lo que

respecta al hombre y por lo que respecta al mundo, la energía vital se

manifiesta en esferas multidimensionales. En todas partes, siempre que haya

vida, el proceso entrante y saliente estará allí. Siempre que exista vida, el

proceso existirá. La vida no puede existir sin esa polaridad.

 

 

 

De modo que prana es energía, energía cósmica, y nuestro primer

encuentro con ella es en el cuerpo físico. Se manifiesta primero como

respiración, y luego va manifestándose como otras formas de respiración:

influencias, magnetismo, pensamientos, vida, creación, ser. Continúa y si uno se

vuelve consciente de ello, uno siempre lo trasciende y llega a un tercer punto.

En el momento en que alcanzas este tercer punto, trasciendes ese cuerpo y entras

en el siguiente cuerpo. Entras en el siguiente cuerpo desde el primero, y así

prosigues.

 

 

 

Si sigues trascendiéndolos todos, hasta el séptimo habrá todavía un cuerpo,

pero más allá del séptimo está la "ausencia de cuerpo". Entonces tú te vuelves

puro. Entonces no estás dividido; entonces deja de haber polaridades. Entonces

se es advaita, no-dos. Entonces hay unidad.

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