ENCUENTRO EN LAS PLÉYADES I PARTE.
Preston B. Nichols
Sin duda uno de los mejores contactos extraterrestres. El autor llega a conclusiones precisas, después de una exhaustiva
investigación de campo.
En 1968, Preston Nichols conmocionó y dejó consternados a los servicios de inteligencia estadounidenses cuando anunció públicamente en Chicago, ante un grupo de unas 300 personas, su intervención en un «proyecto negro» secreto que tuvo lugar en Long Island. Conocido con el nombre oficial de Proyecto Fénix por el servicio de inteligencia y los círculos militares, coloquialmente se le llamó proyecto Montauk (recibió el nombre por el lugar donde se llevó a cabo: Montauk, en el estado de Nueva York) y constituye el tema de un popular libro titulado The Montauk Project: Experiments in Time (El proyecto Montauk: experimentos con el tiempo) escrito por Preston Nichols en colaboración con Peter Moon.
Este libro, por el que el señor Nichols se hizo famoso, relataba importantes acontecimientos que comprendían ciencias secretas como el control del tiempo meteorológico y el control mental. Supuestamente, estas actividades llevaron a una teleportación a gran escala y a la materialización de objetos, que a su vez condujeron a un control del tiempo cronológico.
Aunque su investigación ha sido celebrada por muchos y condenada por otros, nadie puede negar que Preston posea una gran maestría sobre la tecnología electromagnética y que haya estado involucrado en investigaciones secretas gubernamentales. En esos círculos siguen requiriendo sus opiniones y consejos profesionales.
Mi primera experiencia paranormal tuvo lugar cuando tenía cinco o seis años. En una ocasión me desperté y vi lo que yo creí que era el rostro de Dios mirándome desde la puerta. Estaba claro que no era la cara de mi padre ni de mi madre. Tenía la piel de un color muy claro y estaba rodeado por un largo cabello blanco. Aunque me encontré con ese rostro muchas veces, no recuerdo ninguna otra experiencia inusual hasta la adolescencia. Todavía no sé si la cara que veía estaba directamente relacionada con mi ulterior relación con los OVNI.
Fue en 1961 o en 1962, a la edad de quince o dieciséis años, cuando vi mi primer OVNI. Justo antes de esa época, mis padres me habían construido un pequeño cobertizo rojo en el extremo de nuestro patio posterior. Yo estaba loco por la electrónica y ellos querían que tanto yo como mis juguetes saliéramos del interior de la casa. Decían que mientras llevaba a cabo mis experimentos hacía los ruidos más espeluznantes que jamás habían oído. Naturalmente, en esa época todavía no había aprendido a instalar correctamente el retroalimentador negativo de un amplificador de sonido.
Si esto se hace mal, salen gritos y lamentos que parecen los de un alma en pena. Tardé cierto tiempo en saber por qué. Resultó que todo lo que hacía falta para anular los alaridos era invertir los conductores de las terminales de salida de los transformadores, pero hasta que lo descubrí puede que el amplificador estuviera emitiendo chillidos durante una semana. Mediante la construcción del cobertizo, mis padres me permitían continuar con mi afición y al mismo tiempo se aseguraban de que estuviera lo más lejos posible de la casa.
En poco tiempo tuve la cabaña llena de receptores de radio y un par de viejos televisores. Incluso conseguí cierto equipo de pruebas que parecía sacado del laboratorio de Marconi. Como yo tenía más material de pruebas que todos mis compañeros de clase juntos, supongo que, como estudiante de instituto, lo estaba pasando todo lo bien que podía.
Una noche en que estaba haciendo chapuzas en mi laboratorio, no lograba que los transmisores de radio conectaran con otra cosa que no fuera un extraño zumbido. Seguía apareciendo por los transmisores. De repente, se fue la electricidad y las luces se apagaron. Salí fuera y observé un objeto refulgente en forma de disco que flotaba en el patio a unos 60 metros del suelo. Calculé que el ancho sería de unos 15 metros y la altura quizá de seis. El color era un blanco brillante. De forma repentina, el disco pasó encima de mi cabeza y se marchó. Subió en vertical y después realizó algunas maniobras imposibles antes de ascender de nuevo en línea recta. También me di cuenta de que mi casa y las de toda la vecindad se habían quedado a oscuras. Al cabo de un rato volvió la electricidad.
Lo siguiente que observé fue a mi madre saliendo a toda prisa de la casa. Estaba muy excitada y Dijo: «¿Viste eso? ¿Viste eso?»
-Sí, mamá, claro que lo vi. -respondí.
-¿Sabes lo que era? -dijo.
-No lo sé. Me pareció un platillo volante.
Ella me dijo que, fuera lo que fuera, había hecho que el televisor dejara de funcionar. Entonces le comenté que las radios de mi taller también lo habían hecho.
Esta experiencia en particular fue mi primer «encuentro en la primera fase». Éste es un término popular dentro del mundo de la ufología que se refiere al avistamiento de un OVNI. Un «encuentro en la segunda fase» es cuando se ve al OVNI aterrizar en una vecindad inmediata. El «encuentro en la tercera fase» es cuando o bien la persona es llevada a bordo o entra en comunicación con los alienígenas. A veces las experiencias de abducción se denominan «encuentros en la cuarta fase».
Ese avistamiento de un OVNI en el patio de mi casa resultó ser el primero de muchos.
Aproximadamente por esa época (primeros años de la década de los sesenta) se dieron muchos avistamientos por la zona de Islip, la ciudad de Long Island donde crecí y todavía sigo viviendo. Un día, recuerdo que fue en 1964, me encontraba con un grupo de chicos del instituto. De repente, la escuela empezó a vaciarse y todos los estudiantes corrieron hacia fuera. Sobre el campo de béisbol maniobras aéreas. Era muy extraño y parecía medir solamente unos 120 centímetros de diámetro.
Todavía no estoy seguro de lo que era, pero de súbito desapareció. Ése fue mi segundo encuentro con un OVNI.
Durante la mayor parte de la década de los setenta estuve trabajando para un importante contratista de defensa de Long Island. Fue en 1974 ó 1975 cuando mi jefe me dijo que había sido seleccionado para formar parte de un grupo especial que analizaría cierta tecnología extranjera localizada en una base no especificada de las Fuerzas Aéreas estadounidenses. Supuse que lo que íbamos a examinar era algún tipo de tecnología rusa o china y comenté que me encantaría unirme al grupo. Entonces simplemente me dijo que la tarea no era voluntaria tenía que ir.
Fuimos seis los que subimos al avión que despegó del aeropuerto Republic Field de Long Island.
Finalmente, después de ser informados sobre varios factores de seguridad, nos llevaron a otro hangar, donde vimos un OVNI con forma de disco.
Yo miré a uno de los empleados de las Fuerzas Aéreas y le dije: ¡Eh!, eso es un OVNI.
El piloto dijo: “A callar. Se supone que no debemos decir cosas como ésta. Es un aparato extranjero”
Desde fuera, el aparato era plateado y tenía el aspecto del típico platillo volante en forma de disco. Parecía tener unos 15 metros de diámetro y 6 metros de alto. También tenía una cúpula de quizá unos 4,5 metros de ancho. Toda la nave descansaba sobre tres patas que salían de la parte inferior. Había una rampa que ascendía desde el suelo hasta una puerta situada en el borde del artefacto.
El aspecto más sorprendente de este platillo volante se hizo patente cuando subí a bordo. Por dentro era absolutamente enorme. La nave sólo medía unos 15 metros de diámetro, y sin embargo caminamos en una dirección durante lo que me parecieron unos diez minutos. El espacio era de literalmente cientos o miles de pies. En aquel momento no lo supe explicar. Con los conocimientos que ahora poseo, está claro que penetramos en una realidad artificial cuando entramos en la nave.
Este es un aspecto clave para la construcción de un OVNI y su capacidad de viajar de un lugar a otro.
Aunque he dicho que caminábamos por una realidad artificial, era algo tan real como la habitación en la que usted está sentado ahora mismo. El siguiente punto de interés que observé es que no se podía ver ningún tipo de control. Ni botones, ni palancas, ni mandos. Mientras caminábamos por el pasillo de compartimiento en compartimiento, las luces se encendían justo antes de que entráramos.
Miré hacia atrás y vi que las luces se apagaban cuando nosotros salíamos de una zona. La iluminación estaba muy bien controlada. Mientras seguíamos inspeccionando el aparato, uno de los empleados de las Fuerzas Aéreas nos informó de que el platillo originalmente había tenido una atmósfera extraña, pero que había sido «retroequipado» para que ésta fuera compatible con los seres humanos.
Por la tecnología que pude observar, quedaba claro que la propulsión del aparato estaba basada en principios electromagnéticos. Las cuatro cápsulas contenían antenas que generaban un campo eléctrico. El campo magnético lo aportaba la bobina eléctrica antes citada. Tras regresar a mi trabajo en Long Island, mis compañeros no hicieron mención alguna a la visita al platillo volante. Se trataba de un asunto confidencial y no debíamos hablar sobre el mismo.
Para mí está claro, por lo que he podido experimentar personalmente, que el OVNI de Wright Patterson era la forma más avanzada disponible y podríamos considerarlo como el Cadillac de los platillos volantes. La única cosa más avanzada sería un vehículo puramente espiritual.
Crecí siendo algo enfermizo. Tenía alguna irregularidad física en la lengua que me impidió hablar hasta que tuve cinco años. Tan pronto como la descubrieron, mi médico me operó y empecé a hablar inmediatamente. De hecho, mi madre decía que era todo un charlatán.
Sabía hablar, pero no había tenido la posibilidad de hacerlo antes. A pesar de esta mejora, tenía frecuentes enfermedades y problemas. Estos culminaron a la edad de doce años cuando me desmayé dos veces debido a un soplo en el corazón.
Al entrar en la pubertad, las cosas no mejoraron. Tenía mucha menos coordinación a esa edad que un adolescente normal. Finalmente descubrimos que tenía un cierto tipo de dolencia neurológica, más popularmente conocida como parálisis cerebral. Esto significa que aunque era capaz de pensar y mantener la mente activa, las señales no llegaban correctamente a la estructura muscular y por esa razón parecía ser muy desmañado.
Para cuando llegué a los diecisiete años, estos problemas habían desaparecido de forma súbita y sin explicación alguna. Aunque ahora podía hacer físicamente todo lo que quería, mi anterior historial médico hizo que el facultativo de la familia me declarara inútil para el servicio militar. Es posible que ya se me estuviera eligiendo como futuro empleado del proyecto Montauk.
Aunque sigue sin existir una explicación oficial para la recuperación de mi salud, posiblemente podría estar relacionada con algunos sueños muy extraños que empecé a tener a la edad de dieciséis o diecisiete años. El más común era el de un perro grande con ojos azules, pelo rubio y un aspecto muy humano. Me llevaba con él y visitábamos distintos lugares.
Más o menos por la misma época en que empecé a tener estos sueños, apareció de repente una voz en mi cabeza. No era demoníaca ni negativa, sino muy inteligente. Podía mantener conversaciones con ella.
Aunque mi salud había mejorado considerablemente, los sueños y la extraña voz hacían que me preguntara qué estaba ocurriendo. Tenía que considerar la posibilidad de que estuviera loco, ya que obviamente no se trataba de experiencias «normales» que la sociedad pudiera comprender.
Como resultado, entré en la universidad y decidí hacerme psiquiatra. Después supe que la mayoría de estudiantes de psicología estudian la carrera para poderse entender a sí mismos. Yo encajaba plenamente dentro de esa categoría.
Al principio me preocupaba que pudiera estar sufriendo el síndrome de personalidad múltiple, pero pronto lo descarté. El conocimiento que había obtenido de mis experiencias era demasiado amplio para atribuirlo a otra identidad que acechaba desde el interior de mis circuitos mentales.
Había alguna otra cosa, de un orden superior.
No pasó mucho tiempo antes de que me convirtiera en el centro de mi clase de hipnosis. Me hacían regresiones y me llevaban al momento de mis sueños. Mi profesor de hipnosis estaba convencido de que yo era sincero y que creía totalmente que gozaba de la confianza de «alienígenas» altos y rubios, de buena planta y de entre 2,10 y 2,25 metros de altura.
Otras regresiones revelaron que yo creía que estas criaturas eran muy amables y benevolentes.
Les había preguntado si me iban a hacer daño y me habían dicho que no. Respondieron que yo debía de haber estado pensando en los Zetas (Grises) que llevan a cabo exámenes médicos que representan una intrusión para el cuerpo. Yo no recuerdo el nombre de este «dios», pero él me dijo que su raza no tenía necesidad alguna de inmiscuirse en lo físico. Me hizo poner de pie al lado de un poste mediante el cual podía realizar una lectura completa de mis condiciones médicas. En total pasé por ocho regresiones delante de toda la clase de hipnosis. Esto no deja de ser notable porque si en la actualidad alguien intenta hipnotizarme, no lo consigue.
Según estas regresiones, los pleyadianos depositaron en mí su confianza aproximadamente a la edad de quince años y me transportaron a su planeta para una rehabilitación médica y una educación más avanzada. Si estos encuentros se dieron en un estado onírico o en otra constelación, no lo sabría decir. Todo lo que sé es que después de tener estas experiencias, de repente pareció que dominaba por completo el arte de la electrónica. Mis padres inmediatamente se dieron cuenta y para ellos resulto muy enigmático. También tenía una voz en la mente que me guiaba y me hablaba, y me decía dónde encontrar respuesta a las preguntas que surgían. Fuera lo que fuera lo que hubiera ocurrido en el universo objetivo, mi vida había cambiado drásticamente para bien. Había obtenido un conocimiento increíble y un cuerpo más sano de lo que jamás tuve.
Es importante recordar estos hechos al evaluar la verdad relativa de lo que lo pleyadianos me enseñaron sobre ellos y su planeta.
Sobre la edad de quince años fui transportado en una nave espacial a una pequeña base situada en una de las lunas de Júpiter. Creo que fue Europa. Allí fui examinado y me hicieron muchas pruebas. No tengo malos recuerdos de la experiencia. De hecho, fueron bastante buenos. Incluso recuerdo haber comido como un rey. También me mostraron sus formas de diversión, que eran muy similares a las nuestras. Tenían cine, videojuegos, etc. Estaba claro que estos seres eran básicamente humanos y que disfrutaban de las mismas cosas que nosotros.
Después me pusieron de nuevo en la nave para un viaje que duró lo que yo pensé que era un día terrestre. Pronto desembarqué en un mundo muy hermoso, verde y exuberante, que ellos llamaban Alderón. Entonces me llevaron por ciudades que tenían altas torres y edificios hechos de lo que parecía cristal. El cielo era azul y las vistas eran increíblemente hermosas. El aire era tonificante, sin contaminación. Me dijeron que el agua era muy pura. Tiempo atrás habían tenido problemas con la contaminación, que se había filtrado hasta la cadena alimenticia. Los corrigieron y hacía tiempo que habían quedado subsanados.
La fauna y la flora de Alderón son muy parecidas a la de la Tierra. La atmósfera es más rica en oxígeno que la de la Tierra, con un contenido de un 28 a un 30 por ciento. La luz solar parece similar y la distancia de su Sol es más o menos de 148.800.000 kilómetros. Diferencia principal entre la Tierra y Alderón está en las construcciones y los paisajes. Allí donde nosotros tenemos ciudades llenas de carreteras, asfalto y casas, su planeta está dominado por la fauna y los jardines. Existen amplias llanuras herbosas y bosques así como grandes zonas de selva primigenia.
Lo que yo vi fue un entorno ajardinado de belleza absoluta, donde los edificios estaban colocados de tal manera que acentuaban el jardín. La idea de este entorno era que el ecosistema tenía prioridad. El reabastecimiento de oxígeno estaba en el primer puesto de la lista y la civilización humana se colocaba como un adjunto al jardín. Se suponía que no debía destacar, sino más bien mezclarse con el entorno ajardinado.
Me acompañaron a hacer una visita guiada de la ciudad. Las personas tenían un aspecto humano y parecían gozar de muy buena salud. No parecían estar controlados ni drogados. Por lo que me dijeron, los distintos individuos del planeta hacían aquello para lo que estaban mejor dotados, según lo que ellos querían hacer. No tenían sistema monetario tal como lo conocemos nosotros.
Los edificios eran construcciones de tipo rectilíneo similares a los de nuestro mundo, excepto que las esquinas eran redondeadas. No tenían tejas ni nada parecido. Las paredes exteriores formaban una superficie uniforme con las ventanas, para mantener una fachada lisa. Algunos de los edificios parecían ser construcciones metálicas, mientras que otros parecían estar hechos de piedra.
Existían diferentes gamas de colores, pero todos estaban diseñados para complementar el paisaje.
Aunque ninguno de los edificios tenía forma de cúpula ni redonda, algunas de las estructuras tenían ventanas abovedadas que sobresalían como burbujas semiesféricas.
El interior de las estructuras me confundió y no supe dilucidar cómo estaban construidos los edificios. No existían paneles ni junturas que mostraran cómo encajaban las partes. Parecía como una sola pared sin forma. No vi ninguna soldadura en las paredes, y me pregunté si toda la configuración podría ser formada en un gran molde y colocada después en su lugar.
Los interiores eran muy sencillos y normalmente de un único color. Todo era muy conservador, sin rayas ni dibujos complicados.
Los muebles eran modernos pero también sencillos y parecían estar moldeados en plástico.
El mobiliario era similar a los edificios, en el sentido de que no se podía ver cómo estaba construido. Tenían sillas reclinables con palancas (pero no tuercas).Le di la vuelta a una palanca para examinarla pero no pude comprender el mecanismo.
Los hogares de los nativos consistían normalmente en unidades familiares. La mayor parte de ellos estaban distribuidos con buen gusto por todo el paisaje. Aparte de las esquinas redondeadas y las fachadas planas, se parecían un poco a las casas suburbanas de la Tierra, excepto que allí se confundían con el entorno. Los interiores de las casas también estaban amueblados de forma sencilla, con colores sólidos. Había un tipo de arte que era realmente hermoso. Consistía básicamente en representaciones de los emplazamientos naturales del planeta. Una pieza de arte representaba una granja. Tenían algunas granjas, aunque gran parte de sus alimentos eran sintéticos. También tenían pantallas de observación con un sistema de sonido, pero no pude ver altavoces. Puede que el audio pasara directamente a los sentidos. No lo sé.
No existían calles tal como nosotros las conocemos. El transporte se realizaba a pie o mediante un artefacto de transporte público que te podía enviar a cualquier lugar deseado. Cada casa tenía un terminal para este servicio de transporte. No existía ningún tipo de vehículo.
Después de la visita a la ciudad me llevaron a lo que denominaban un centro de educación. Allí pasé por un proceso que me dijeron me daría el equivalente de cuatro doctorados diferentes en la Tierra. Los temas eran física, electrónica, psicología y teología. Me dijeron que, con el tiempo, este conocimiento saldría a la luz durante, mi vida en la Tierra.
Mientras recibía esa educación, también me llevaron a su centro médico y me hicieron unas pruebas. Eliminaron los problemas neurológicos que sufría, lo cual explica por qué mi torpeza desapareció prácticamente de la noche a la mañana. También me liberaron de mi soplo cardíaco. El médico de la familia dijo que había sido un milagro. Me había examinado el corazón y había encontrado claramente un soplo. Un mes más tarde ya no estaba, pero no sabía por qué. Fui sometido a más pruebas neurológicas, pero descubrieron que no tenía ningún tipo de problema de control. No hace falta decir que yo estaba muy contento con mis nuevos amigos de las Pléyades.
Los Pleyadianos son personas como usted y como yo, sólo que más evolucionados. Existen desde hace mucho más tiempo que nosotros y viven más años. Su vida es de unos 1.000 años pleyadianos, lo que equivale a unos 700 años terrestres. La mayoría de ellos tienen un aspecto casi como copias exactas unos de otros. Todos tenían el cabello rubio y los ojos azules, pero sus personalidades eran diferentes. Su vestimenta era sencilla y normalmente de un color. Los problemas de salud eran prácticamente inexistentes.
Mientras yo recibía mi educación, me iba a casa por la noche con el científico en jefe. Los pleyadianos tenían habitaciones para sus hobby y la suya era un laboratorio situado en la parte trasera de la casa. Ocupaba todo el ancho de la casa y probablemente mediría unos 30 x 9 metros.
Estaba muy bien equipado y tenía un aspecto impecable. Consistía en electrónica muy avanzada y sólo algunos de los artefactos tenían controles fácilmente reconocibles. También era éste el caso de los aparatos electrónicos que vi en los centros gubernamentales y científicos.
Este hombre coleccionaba tecnología antigua de la misma manera que yo colecciono antiguos equipos de radio. Era su hobby y disfrutaba con él. Me dijo que algunas piezas de su colección tenían miles y miles de años. Algunas incluso se parecían a equipos que podríamos ver actualmente en la Tierra. Al parecer, las instalaciones de investigación pleyadianas tenían instrumentos como los nuestros porque este equipo es probablemente el más versátil para la investigación y el desarrollo. No hay nada que pueda sustituir a un hombre frente a su banco de trabajo y probando un circuito. Creo que no existe ninguna duda de que nuestra civilización está basada en la suya. Incluso vi asientos que funcionaban de manera muy similar a la Silla de Montauk.
El científico en jefe era mi guía principal, aunque había otros. Me enseñaron cosas sobre su sistema estelar y sus aficiones culturales.
Existen seis planetas dentro del grupo estelar conocido, como las Pléyades que componen la sociedad a la que me referiré como «pleyadiana». Tres de estos mundos son muy parecidos al nuestro en cuando al tema del desarrollo físico. Arian es el centro filosófico. Alderón es el centro técnico donde tienen lugar los proyectos científicos y de producción. Aldebarán es el nombre del planeta que contiene el centro de defensa. Éste es el grupo que combate en sus guerras y es algo así como un grupo escindido del resto de la cultura pleyadiana. Son muy protectores con sus compañeros pleyadianos, a veces en exceso.
Los otros tres planetas que componen la sociedad pleyadiana no están poblados por criaturas del tipo humano. Los seres de estos planetas son energía pura. En uno de ellos reside el consejo superior (no físico).Se trata de los doce superseres que rigen la cultura pleyadiana. Cada uno de los doce tiene igualdad de opinión. Literalmente tienen el bien de todos en su corazón y en nuestra cultura los podríamos equiparar a los ángeles. Ninguno de los seres pleyadianos cuestiona al consejo ni lucha contra ellos. Nunca se ha dado el caso.
El lector podrá comprenderlo más fácilmente si le digo que nunca he oído una decisión tomada por el consejo que no fuera la correcta. Estoy hablando de una sociedad libre y armónica que nosotros consideraríamos una utopía. El motivo principal por el que han alcanzado este estado evolucionado es que desarrollaron una conciencia colectiva que les une a todos ellos. Este lazo se manifiesta en las mentes individuales de los pleyadianos como una voz con la cual se puede conversar. No se trata de una cacofonía de voces ni tampoco da órdenes ni intenta controlar a nadie. Es más como un compañero o un consejero. De esta manera, todo pleyadiano accede a una parte de la conciencia colectiva mientras conserva su propia individualidad. Si la humanidad estuviera unida de una forma así, creo que no existirían guerras ni delincuencia en la Tierra. En realidad ya disponemos de esta facultad, pero es un lazo inconsciente que todavía no conocemos a nivel consciente. Sé que está allí porque personalmente he desarrollado un vínculo con la conciencia humana terrestre, pero no escucho una voz como en el caso de la conciencia pleyadiana. Si desarrolláramos al máximo esta facultad, probablemente se manifestaría como una voz. La voz pleyadiana normalmente sólo me aconseja o me dice dónde puedo encontrar las respuestas a diferentes cuestiones. A veces me exaspera porque no quiere contestar a preguntas directas, sino que solamente me dice dónde encontrar respuestas.
De acuerdo con lo que aprendí, la historia de la civilización pleyadiana remonta a la antigüedad.
Tiene más de 100.000 años terrestres y se originó en lo que ellos llaman el Viejo Universo.
Atravesaron una barrera y entraron en esta parte de nuestra galaxia.
Se instalaron entre las siete estrellas hermanas que en nuestros planisferios aparecen con el nombre de Pléyades. Están muy seguros de que fueron unos colonos cuyos orígenes no pertenecen a esta galaxia.
Su definición del Viejo Universo resulta algo confusa. Es algo así como el universo que el Creador creó originalmente y se parece un poco a la saga de la Guerra de las Galaxias de George Lucas. El Viejo Universo se parecía mucho a éste. Existían ciertos problemas, así que creamos nuestro propio universo (este universo físico) y atravesamos barreras para entrar. Nada de esto está muy claro y los recuerdos son algo así como una memoria genética. Muchas personas conectan con el Viejo Universo en sus sueños.
Los pleyadianos me dijeron, que creían en un Creador. Cualquier ser con una parte del Creador (nosotros llamaríamos a esta «parte» el alma) es un hijo del Creador. Dijeron que Jesucristo era una proyección del subconsciente colectivo de nuestro planeta. Éste es el aspecto que a nosotros nos conecta con el Creador. Cristo apareció en la Tierra con el ánimo de «darnos un buen empujón» para que volviéramos a funcionar de nuevo en armonía con el Creador.
No conozco todo el programa de los pleyadianos. Por lo que puedo deducir, parece que es doble.
En primer lugar, nos quieren ayudar a los de la Tierra porque creen que uno de los pasos clave para la evolución de esta galaxia empieza en este planeta. También les gusta ver que las cosas siguen su curso natural porque creen firmemente en el naturalismo. Su otro programa es antropológico, en el sentido de que su interés está motivado por su creencia de que nosotros estamos experimentando actualmente lo que ellos pasaron hace cientos de miles de años. Su civilización empezó de modo muy parecido a la nuestra y al estudiarnos a nosotros y a otros grupos similares de la galaxia, ellos también aprenden.
La filosofía pleyadiana es muy simple. Actúan guiados, por una estricta «política de no interferencia» aplicable absolutamente a todo el mundo, incluyendo ellos mismos. Están concebidos para ser una sociedad totalmente libre. Lo que quiero decir con ello es que se anima a todo individuo a que escoja una misión o un trabajo.
Siempre y cuando ese trabajo encaje y sea productivo para la sociedad se le da al individuo todo lo que necesita.
En las Pléyades no existe la delincuencia tal como la conocemos nosotros. Al formar parte de una conciencia colectiva, cualquier delito cometido sería contra ellos mismos. Mientras formen parte del colectivo y se atengan a las filosofías del mismo, no puede existir ningún delito. El único delito que un pleyadiano puede cometer, y ciertamente sería el peor, sería interferir en otra persona o civilización, quiero hacer hincapié en lo mucho que creen en este principio: si existe interferencia, el castigo es la muerte. Los pleyadianos creen que no se trata sólo de una muerte física, sino también espiritual. Son muy estrictos en este punto.
Este razonamiento es el motivo por el cual los pleyadianos instalan representantes en los planetas utilizando a los propios nativos del planeta en cuestión. Realizan contactos y se comunican con los diversos seres. Si estos seres están de acuerdo con la filosofía pleyadiana, actuarán como embajadores. Creo que yo soy uno de esos embajadores, y me apresuro a decir que somos miles. Somos virtualmente desconocidos pero estamos inculcando en el planeta una influencia desconocida (para la mayoría) pero muy pacífica. Es por ello que no aprobamos ningún tipo de violencia ni de acto terrorista. Ni siquiera aprobamos la desobediencia civil. Naturalmente tenemos que recordar que somos humanos además de pleyadianos y por tanto no podemos ceñirnos al cien por cien a este ideal.
Debo decir que aunque creo que soy un embajador pleyadiano y que su programa parece ser la paz y el amor, no tengo un conocimiento completo de las circunstancias. Mis contactos pleyadianos no me han dado ningún motivo para no creerles, pero no es necesariamente mi prerrogativa darles un respaldo total sin un análisis crítico.
Por ejemplo, ellos creen que fueron los que originalmente colonizaron este planeta, pero otros dirán que primero lo hizo Marduk u Orión. Yo creo que fueron varios los grupos que establecieron aquí sus colonias más o menos por la misma época.
Otros también sospecharán de los pleyadianos por su supuesta involucración con Hitler y el Tercer Reich. Éste es un tema clásico en ufología, así que debería comentarlo. Según mis contactos, a Hitler se le dijo que conservara la semilla aria (igual que pleyadiana) aquí en la Tierra.
No se suponía que tenía que destruir la semilla de los archienemigos de los pleyadianos, los draconianos, que colonizaron la Tierra bajo la forma de la raza semítica. Su misión era proteger a los arios de los semitas y crear un país ario para aquellos que quisieran ir a vivir en un entorno. Llevó a cabo su misión y se salió de madre, por decirlo suavemente. Como mencioné anteriormente, el programa de los pleyadianos parece ser la paz y el amor. Creo que ello también incluye el proceso de educación.
Debemos conservar nuestra capacidad de discernimiento y no caer en los sistemas de creencias que las organizaciones de control mental intentan imponer a la sociedad. Es por eso que tengo que reconocer que mis contactos pleyadianos pueden ser fenómenos extraños pero positivos, que no puedo negar ni ignorar. He estudiado seriamente estos fenómenos desde la edad de veinticinco años y he buscado puntos de vista objetivos. La corroboración más convincente de que estos contactos fueron reales llegó sobre el año 1991.
Un día recibí una llamada telefónica de alguien que me dijo que acudiera al centro comercial de Gardiner Manor a las cuatro de la tarde. Me desplacé hasta allí, entré y todo era normal. Las luces estaban encendidas y había varias personas en el recinto. Al pasar del vestíbulo al pasillo principal, fue como si hubiera atravesado un muro. De repente, el centro comercial se quedó a oscuras. Las luces estaban apagadas y prácticamente no había nadie. Sentí como si el tiempo hubiera «dado un salto». Caminé un poco e intenté descubrir qué estaba pasando. Al poco me encontré con un guarda e intercambiamos saludos. El reloj marcaba las tres de la madrugada.
A continuación vi un pasillo iluminado que iba en dirección opuesta a la entrada. Entonces recordé que durante la llamada telefónica me habían dicho que fuera por este corredor. Así lo hice, y me encontré con tres hombres que se suponía eran los contactos pleyadianos. Después me escribí a mí mismo un mensaje en un trozo de papel que decía: «Estuve aquí a las 3.00 a.m.»
Entonces lo metí en una maceta con la esperanza de recuperarlo después y verificar mi experiencia. Los recuerdos son algo confusos, pero acabé por tener contactos o sueños pleyadianos esa noche.
Cuando me desperté a la mañana siguiente, recordé algunas de las experiencias y decidí regresar al centro comercial y buscar la nota que había dejado en la maceta. Al entrar en el recinto, vi al mismo guarda de seguridad y hablé con él. Se acordaba de mí y me comentó que debería haberme amonestado por encontrarme en el centro después de la hora de cierre, pero que por alguna razón no había querido molestarme. Al parecer, algo había afectado su estado de ánimo o su conducta.
Al poco rato llegué a la maceta y encontré la nota que me había dejado a mí mismo. Todo esto me confirmaba, sin ningún tipo de duda, que había tenido algunos contactos de tipo paranormal. No había sido una alucinación. Por lo que a mí se refiere, y basándome en las experiencias que he relatado en este libro, los contactos que he tenido con los pleyadianos son reales.
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