Vivir el Aquí y el Ahora, Soltar no es abandonar.

Publicado en por DOSAGULAS


NOTICIAS DE LA ASCENSIÓN, por Hortensia Galvis

Este mensaje es para ti, que has llegado hasta la saturación del sufrimiento, y has tomado la decisión de no aceptar más dolor. Quieres hallar felicidad, pero te asemejas al hombre que “cree haber perdido su caballo, se pasa toda la vida buscándolo, y al final descubre que siempre estuvo montado en él”. (Chuang Tzu)

Estás habituado a tener la atención dirigida hacia afuera, para percibir con la mente todo aquello que es exterior a ti. Dejas que la mente interprete cuál es el mundo real. Permites que designe lo que tú eres, según la comparación con las fachadas que fabrican los demás. Es ella quien decide si eres pobre o rico, bonita o fea, bueno o malo, poderoso o miserable, talentoso o bruto. Y luego pasas la vida anhelando ser aquello que no eres, tener aquello que no posees y sufres enormemente porque no puedes alcanzarlo.

Cuando construyes tu realidad con la mente, el pensamiento siempre está en movimiento. Viajas al pasado a recorrer una y otra vez aquellos eventos traumáticos donde te quedaste atascado. Repasas el dolor y dramatizas diálogos interminables de lo que podrías haber hecho y lo que deberías haber dicho. En este proceso pierdes tu salud, tu alegría, y el mundo parece gris y desabrido.

La mente no sabe vivir el tiempo presente, porque está demasiado ocupada para percibirlo. Si no está rebuscando en los archivos del dolor, estará planeando el futuro dentro de los parámetros de lo que ya has vivido. Ella no tiene posibilidades de aceptar algo diferente a lo que ya conoce, ni tampoco consigue manipular lo que vendrá para complacer tus deseos y apetencias. Los pensamientos proyectados al futuro te paralizarán de miedo, porque se enfrentan con la incertidumbre. Y el miedo es tu peor consejero, recuérdalo. Si lo aceptas como huésped te atraerá precisamente aquello que más temes.

Cuando tomas la determinación de ser feliz, solo hay un cambio que debes hacer para lograrlo. Usa tu facultad de atención, y dirígela hacia adentro. Lo primero que trascenderás será el concepto del tiempo. Te darás cuenta de que el pasado no existe ya y que, para ser libre, debes diluirlo. Que el futuro se sale de tus manos, pues su único elemento fijo es la inseguridad. Es así porque la eficacia de tu aprendizaje depende ampliamente del hecho de enfrentarte con aquello que ignoras.

Solo puedes ser feliz en el “aquí y el ahora”, que es lo único que es tuyo. Ese “aquí y ahora” tienes que vivirlo, no con la mente y sus juicios interminables, sino con la conciencia de tu cuerpo físico y su inteligencia celular. Esto lo consigues si cultivas la atención enfocada hacia tu interior. Desde allí se te revelará un universo nuevo, espiritual y perfecto.

El “aquí y el ahora” te permite disfrutar del regalo que son tus sentidos, el olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído, que están ahí para realzar la vivencia de las maravillas que te rodean. Cuando la mente interfiera para sabotear tu percepción, vuelve inmediatamente tu atención hacia el cuerpo. Hay dos formas eficientes de lograrlo: puedes hacer conciente tu respiración, o conectarte con los latidos del corazón, tomándote el pulso.

Permite que el pasado se disipe con el convencimiento de que siempre hiciste lo mejor que pudiste. El futuro dejará de amenazarte si sabes que siempre estás bajo el cuidado de la provisión divina, que es perfecta. Tu perteneces ahora a la eternidad, que equivale al enfoque conciente en el “aquí y el ahora”. Este es el secreto de un hombre, que al acercarse el final de su vida sabe morir, simplemente porque ha sabido vivir.


SOLTAR NO ES ABANDONAR.....

Soltar no es abandonar ni olvidar; es simplemente dejar en libertad, ser y dejar ser, sin presionar ni ahogar, ni obligar o imponer, mucho menos apegarse a algo que se dice tener o se cree poseer. Soltar no implica tampoco ignorar ni dejar que la rutina y el olvido se
apoderen de aquello que es de mucho valor porque va de corazón a corazón. Es necesario saber conservar y valorar, sin atar, así como tampoco olvidarnos de alimentar y darle el cuidado que merece; porque desatenderlo y dejarlo de lado podría ocasionar darnos cuenta demasiado tarde de lo que significaba en nuestra vida, querer verlo cuando ya se ha ido, anhelar tocarlo cuando ya no lo tenemos, en otras palabras perderlo y ya jamás poder recuperarlo. Nos confiamos demasiado con aquello que sentimos nuestro, sabemos que en el jardín existe una rosa llamada amistad, en la distancia hay un amigo, en nuestro corazón hay un lugarcito muy especial que lo ocupa un amor y a nuestro lado camina un ser querido; nos es muchas veces suficiente saberlo y hasta decirlo; ¿Acaso sólo basta experimentar esa plena seguridad de sentirnos poseedores y creer que no es necesario nada más?

Quizás cuando queramos ir al jardín, la rosa se encuentre marchita, se murió porque no se alimentó; y ese amigo que estaba en la distancia, anhelando alguna vez saber de ti, se sintió abandonado y todo cambió; de pronto ese ser querido que a tu lado caminaba muchas veces casi sin sentirlo, se fue, su vida terminó; y ese amor que tanto te llenaba, entregó todo lo que tenía y al no sentirse correspondido, se acabó, la rutina lo mató.
Porque aunque el amor y la amistad son incondicionales, nacen, crecen y se producen dentro de corazones humanos, que necesitan sentir para vivir, retroalimentarse para seguir; no es suficiente saberlo, hay que experimentarlo para realmente creerlo; por eso es que no podemos acomodarnos con el decir todo aquello que tenemos, hay que por sobre todas las cosas cuidarlo, valorarlo, cultivarlo, sin ahogarlo ni abandonarlo; sin saturarlo ni olvidarlo; no es responsabilidad de uno solo, hace parte de aquellos que le dan vida a esos sentimientos…

Suelta pero no abandones, libera pero no ignores, confía en lo que tienes, pero no pienses que sobrevive solo y así tal cual se mantiene; en el valorar, cuidar y conservar el equilibrio está el secreto para que permanezcan siempre renovados y vivos esos sentimientos, que son los que dan al vivir y existir su sentido.


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