LA CARTA NATAL MAYA II PARTE
¿Qué diferencia a la Carta Natal Maya de la Carta Astral?
En que son dos propuestas diferentes, nacidas de dos concepciones
diferentes; la Maya ve al planeta haciendo parte de un conjunto planetario,
de un sistema solar y como una unidad dentro del sistema sideral del cual
recibe influencia y definición, al ser humano lo ve como un campo de
energía interactuando con otros campos ya sea de otros seres humanos, de
la tierra, de los hermanos planetarios o las estrellas; el sistema zodiacal que
llamamos tradicional a falta de conocer otro, deviene de la Babilonia de
hace 5.100 años, fundada en el sistema matemático sexagesimal (base seis
y diez: 6, 10, 60, 360, 3600 en sus diferentes posiciones de valor), de un
sistema de valores patri-lineales en honor a los doce dioses del panteón
encabezado por Baal (dios oculto de los babilonios en determinado
momento de sus batallas con otros dioses, señor de Baalbek, el mismo
Marduk ó Amón-Ra egipcio –el carnero, deificado en Karnak-, nieto del
señor Annú en lengua sumeria -padre de los annunaki- y deificado como
Jenum o dios antiguo de los egipcios –el de los cuernos a manera de
tornillo- y como si fuera poco, el mismo Zeus griego y Júpiter romano); de
allí que sean doce las Casas Zodiacales caldeo – babilónicas, basadas en la
supuesta traslación circular del Sol alrededor de la Tierra que estaría en el
centro de todo, inmóvil y hasta plana, tal era la concepción mesopotámica
y posteriormente egipcia que llega a Occidente a través de los Ptolomeos,
es interesante tener en cuenta que la antigua ciudad de El Cairo fue llamada
también Babilonia, su protector también era Marduk, verdadero hijo del
señor Ptah y la señora Hathor (los mismos Enki y Ninharsag mencionados
en las tablillas sumerias como los señores del Nilo, el edén occidental, pero
que la versión oficial de ahora –inglesa y francesa, bajo el nombre de
egiptología- no los reconoce como tal, lo cual no nos ayuda a comprender
esa parte vital de la historia, justo de donde deriva nuestro sometimiento al
sistema dominante que ya toca a su fin; ahora ya hemos superado esas
acepciones, sin embargo, el modelo astrológico se quedó aferrado a la vieja
creencia y de este modelo nació la idea del calendario draconiano en
Babilonia, llevado luego a Egipto, Grecia, Roma y finalmente a París y
Londres. En síntesis, la Astrología Maya o Madre, propone asumirnos
desde nuestros orígenes estelares como Campos de Energía más que como
personas e individuos intentando realizarnos individualmente, de lo cual
deriva que lo más importante para el individuo es actuar con el paquete
programático que su Ser escogió e intentar tener claras las coordenadas del
camino de retorno a casa; la astrología caldeo-babilónica asume la
materialidad del ser humano como su punto de partida, mira su cielo desde
la perspectiva sensorial humana y de la tierra con todas sus posibles
falencias, desde considerarse solo en el universo y centro de todo cuanto
gira, hasta plantearse su realización al margen del cumplimiento de su
propósito espiritual, pues se habla de la realización personal, en ningún
momento se tiene en cuenta el componente Espíritu, según esa opción
estamos aquí regidos por planetas y estrellas pero sin un componente
intrínseco esencial; considerarnos en nuestra integridad Espíritupercepción-
mente-emoción y cuerpo, supone abordar conceptos muy
subjetivos y actuar según los ritmos con que la Ley Divina y natural nos
codifica incluso en el mundo material de la química del carbono, base doce;
si actuamos con códigos base doce, las respuestas quedan restringidas a ese
rango. La Casa Mental Babilónica aún dominante hoy en día a través del
Sistema Materialista siempre supo esquivar esta confrontación dialéctica y
lo hizo con éxito hasta ahora, época de duros cuestionamientos y de
cambios no menos profundos.
El Tiempo no es una cosa estándar, no es una simple medida constante
como lo ha querido encasillar la ciencia materialista y ratificado por la
racionalista, según la cual el espacio contiene al tiempo en sus
“dimensiones” largo, ancho y profundo, siendo el tiempo una consecuencia
del espacio; sabemos que el
racionalismo está comprometido con la
antigua visión plana y circular, siendo como es, el decimotercero de los
trece paradigmas del Materialismo que es la Casa Mental que ya está al
final de su tiempo, como lo afirma la Profecía Maya. Por el contrario, el
concepto Maya del Tiempo es Tridimensional (Vida, Sentidos, Mente) y
Cuatridimensional, el Tiempo como cuarta dimensión, habitado por la
Mente clara del ser humano planetario que ha superado la enajenación de
considerar el espacio volumétrico (largo, ancho y profundo) como el
parámetro determinante; el Tiempo es la dimensión donde estamos
contenidos, es el océano por el que navega la Tierra en evolución, de allí
que sea imprescindible aprender a deducir las verdaderas coordenadas del
Tiempo acorde a los patrones estelares, puesto que ellos se rigen por la Ley
Natural. La Ciencia Maya afirma que para comprender quiénes somos, en
dónde estamos y hacia dónde viajamos, es menester asumir los códigos de
Tiempo correctos: El
Trece que representa la Ley Divina que todo ordena,
el
Veinte que enmarca las cualidades de Inteligencia Solar, el 18 de
interés biosférico por ser el peso atómico del agua, estos números y sus
fractales establecen la base matemática de las proporciones estéticas de la
naturaleza y por tanto del Tiempo. Sistemáticamente, Babilonia negó y
ocultó la Ciencia Maya (Madre) del Tiempo, e implantó su propia versión y
desde entonces, ha perseguido hasta la destrucción las memorias mayas
diseminadas en todos los continentes desde hace como mínimo 5.100 años.
Por razones como la anterior, podemos deducir que las previsiones de la
Carta Astrológica, teniendo ya en cuenta la actualización de las
coordenadas orbitales planetarias suficientemente estudiadas hoy en día,
pueden acercarse a la información más externa para un individuo, es decir,
en lo que atañe a la personalidad, al carácter, a ciertas tendencias cíclicas
sociales y personales; la carta astrológica al decir de uno de sus estudiosos,
es la visión desde la óptica terrenal para seres biológicamente determinados
confinados en las condiciones del planeta, una muy buena herramienta de
aproximación a los parámetros que influencian al ser desde su nacimiento y
a través de su existencia, mientras no exista otro código de análisis, que por
lo visto no aparece en el horizonte cognitivo hasta el momento. Por otra
parte, desde esta aproximación no podrá afirmarse algo relativo al Ser
Espiritual como Esencia del Ser Humano, pues Babilonia y todo su séquito
de instituciones partidarias, al negar el Trece e imponer el doce, negaron La
Ley Divina y la Trascendentalidad del Espíritu; al negar el Veinte y
reemplazarlo por la matemática base 10 (arábiga), perdieron el nexo con la
instrucción Xolar que es la que activa en nuestro ADN la remembranza de
lo que somos; al abandonar el 18 del agua, nos alejamos de la memoria
matricial, ya no nos importará contaminar la propia agua para beber y ese
es el símbolo de la vida que se purifica, se renueva, que evoluciona hacia la
Luz; es ahí donde se ha causado un grave daño, nos hemos insensibilizado
de la responsabilidad con la Vida y con la calidad de Vida; el 12 consagra
lo repetitivo porque es circular, el trece convalida lo que está en perpetuo
movimiento ascendente porque es espiral, nunca se repite, siempre avanza
a través de “eternos presentes”.
Con lo anterior no se pretende demeritar los aportes que en la búsqueda han
realizado estudiosos de la Astrología, sus hallazgos no han sido pocos y
mal haríamos al ignorar su aporte y su esfuerzo; en verdad, después de
siglos y quizá milenios de olvido de los códigos originales, los astrólogos
no tuvieron alternativa y bucearon en un océano sin fondo y muchos de
ellos creyeron encontrar maneras de deducir caminos espirituales para
comprender el Sentido de la Vida, de la mano de la astrología babilónica y
ese intento es loable más no suficiente. En la antigüedad, Astronomía y
Astrología eran una y la misma ciencia, pero en la medida que el
conocimiento se fue haciendo más exhaustivo y requirió capacidad
probatoria y demostrativa para los sucesos, la usanza predictiva y
adivinatoria con que se ejercía la astrología fue perdiendo credibilidad en
las esferas de lo científico; hoy por hoy están lo suficientemente alejadas
como para pensar reconciliarlas, no obstante que la astrología requiere de
un sustento astronómico coherente, ésta a su vez desdeña cualquier nexo
con aquella. Y no es que el nexo no exista, sólo que fue arruinado por una
manera errónea de practicar la astrología y por la incoherente insensibilidad
de la academia; al perderse el código de Ley Natural, las sincronicidades
dejaron de serlo y fueron suplantadas con lecturas adivinatorias de sucesos
aleatorios, lecturas que muchas veces pasaban por acertijos teñidos de
ambigüedades; La verdadera Astrología no se aparta de las Leyes
Naturales, por el contrario, es una expresión de ellas; si se recuperan los
códigos matemáticos correctos, la misma Ciencia Astronómica volvería a
retroalimentarse de su Ciencia Madre, que no es otra que la Maya y
entonces podríamos esperar la antedicha reconciliación. El verdadero
sentido de la Astrología es el de mantener como seres en evolución
planetaria la conciencia clara y el recuerdo perfecto del “camino de regreso
a casa”, sí, a los reinos de divinidad de donde viene nuestra esencia
espiritual y adonde ha de retornar, pero con el valor agregado de lo
aprendido y realizado. Ahora tenemos el privilegio de disponer del
conocimiento Maya entregado a los hijos de esta época, es tiempo de
abandonar los códigos que nos alejaron de nuestra naturaleza espiritual o
nos hundiremos con ellos, es tiempo de volver a establecer las
sincronicidades que se hacen obvias cuando la lente con que se las “ve” es
La Lente de La Ley Natural, entregada por los Instructores Maya en
diversos territorios y épocas y cuyo capítulo final clave fue dejado en
América.